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Original Essays | September 4, 2014

Edward E. Baptist: IMG The Two Bodies of The Half Has Never Been Told: Slavery and the Making of American Capitalism



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Los Detectives Salvajes (Vintage Espanol)

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Los Detectives Salvajes (Vintage Espanol) Cover

ISBN13: 9780307476111
ISBN10: 0307476111
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Excerpt

I. Mexicanos perdidos en México (1975)

2 de noviembre

He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así.

3 de noviembre

No sé muy bien en qué consiste el realismo visceral. Tengo diecisiete años, me llamo Juan García Madero, estoy en el primer semestre de la carrera de Derecho. Yo no quería estudiar Derecho sino Letras, pero mi tío insistió y al final acabé transigiendo. Soy huérfano. Seré abogado. Eso le dije a mi tío y a mi tía y luego me encerré en mi habitación y lloré toda la noche. O al menos una buena parte. Después, con aparente resignación, entré en la gloriosa Facultad de Derecho, pero al cabo de un mes me inscribí en el taller de poesía de Julio César Álamo, en la Facultad de Filosofía y Letras, y de esa manera conocí a los real visceralistas o viscerrealistas e incluso vicerrealistas como a veces gustan llamarse. Hasta entonces yo había asistido cuatro veces al taller y nunca había ocurrido nada, lo cual es un decir, porque bien mirado siempre ocurrían cosas: leíamos poemas y Álamo, según estuviera de humor, los alababa o los pulverizaba; uno leía, Álamo criticaba, otro leía, Álamo criticaba, otro más volvía a leer, Álamo criticaba. A veces Álamo se aburría y nos pedía a nosotros (los que en ese momento no leíamos) que criticáramos también, y entonces nosotros criticábamos y Álamo se ponía a leer el periódico.

El método era el idóneo para que nadie fuera amigo de nadie o para que las amistades se cimentaran en la enfermedad y el rencor.

Por otra parte no puedo decir que Álamo fuera un buen crítico, aunque siempre hablaba de la crítica. Ahora creo que hablaba por hablar. Sabía lo que era una perífrasis, no muy bien, pero lo sabía. No sabía, sin embargo, lo que era una pentapodia (que, como todo el mundo sabe, en la métrica clásica es un sistema de cinco pies), tampoco sabía lo que era un nicárqueo (que es un verso parecido al falecio), ni lo que era un tetrástico (que es una estrofa de cuatro versos). ¿Que cómo sé que no lo sabía? Porque cometí el error, el primer día de taller, de preguntárselo. No sé en qué estaría pensando. El único poeta mexicano que sabe de memoria estas cosas es Octavio Paz (nuestro gran enemigo), el resto no tiene ni idea, al menos eso fue lo que me dijo Ulises Lima minutos después de que yo me sumara y fuera amistosamente aceptado en las filas del realismo visceral. Hacerle esas preguntas a Álamo fue, como no tardé en comprobarlo, una prueba de mi falta de tacto. Al principio pensé que la sonrisa que me dedicó era de admiración. Luego me di cuenta que más bien era de desprecio. Los poetas mexicanos (supongo que los poetas en general) detestan que se les recuerde su ignorancia. Pero yo no me arredré y después de que me destrozara un par de poemas en la segunda sesión a la que asistía, le pregunté si sabía qué era un rispetto. Álamo pensó que yo le exigía respeto para mis poesías y se largó a hablar de la crítica objetiva (para variar), que es un campo de minas por donde debe transitar todo joven poeta, etcétera, pero no lo dejé proseguir y tras aclararle que nunca en mi corta vida había solicitado respeto para mis pobres creaciones volví a formularle la pregunta, esta vez intentando vocalizar con la mayor claridad posible.

–No me vengas con chingaderas, García Madero –dijo Álamo.

–Un rispetto, querido maestro, es un tipo de poesía lírica, amorosa para ser más exactos, semejante al strambotto, que tiene seis u ocho endecasílabos, los cuatro primeros con forma de serventesio y los siguientes construidos en pareados. Por ejemplo... –y ya me disponía a darle uno o dos ejemplos cuando Álamo se levantó de un salto y dio por terminada la discusión. Lo que ocurrió después es brumoso (aunque yo tengo buena memoria): recuerdo la risa de Álamo y las risas de los cuatro o cinco compañeros de taller, posiblemente celebrando un chiste a costa mía.

Otro, en mi lugar, no hubiera vuelto a poner los pies en el taller, pero pese a mis infaustos recuerdos (o a la ausencia de recuerdos, para el caso tan infausta o más que la retención mnemotécnica de éstos) a la semana siguiente estaba allí, puntual como siempre.

Creo que fue el destino el que me hizo volver. Era mi quinta sesión en el taller de Álamo (pero bien pudo ser la octava o la novena, últimamente he notado que el tiempo se pliega o se estira a su arbitrio) y la tensión, la corriente alterna de la tragedia se mascaba en el aire sin que nadie acertara a explicar a qué era debido. Para empezar, estábamos todos, los siete aprendices de poetas inscritos inicialmente, algo que no había sucedido en las sesiones precedentes. También: estábamos nerviosos. El mismo Álamo, de común tan tranquilo, no las tenía todas consigo. Por un momento pensé que tal vez había ocurrido algo en la universidad, una balacera en el campus de la que yo no me hubiera enterado, una huelga sorpresa, el asesinato del decano de la facultad, el secuestro de algún profesor de Filosofía o algo por el estilo. Pero nada de esto había sucedido y la verdad era que nadie tenía motivos para estar nervioso. Al menos, objetivamente nadie tenía motivos. Pero la poesía (la verdadera poesía) es así: se deja presentir, se anuncia en el aire, como los terremotos que según dicen presienten algunos animales especialmente aptos para tal propósito. (Estos animales son las serpientes, los gusanos, las ratas y algunos pájaros.) Lo que sucedió a continuación fue atropellado pero dotado de algo que a riesgo de ser cursi me atrevería a llamar maravilloso. Llegaron dos poetas real visceralistas y Álamo, a regañadientes, nos los presentó aunque sólo a uno de ellos conocía personalmente, al otro lo conocía de oídas o le sonaba su nombre o alguien le había hablado de él, peroigual nos lo presentó.

No sé qué buscaban ellos allí. La visita parecía de naturaleza claramente beligerante, aunque no exenta de un matiz propagandístico y proselitista. Al principio los real visceralistas se mantuvieron callados o discretos. Álamo, a su vez, adoptó una postura diplomática, levemente irónica, de esperar los acontecimientos, pero poco a poco, ante la timidez de los extraños, se fue envalentonando y al cabo de media hora el taller ya era el mismo de siempre. Entonces comenzó la batalla. Los real visceralistas pusieron en entredicho el sistema crítico que manejaba Álamo; éste, a su vez, trató a los real visceralistas de surrealistas de pacotilla y de falsos marxistas, siendo apoyado en el embate por cinco miembros del taller, es decir todos menos un chavo muy delgado que siempre iba con un libro de Lewis Carroll y que casi nunca hablaba, y yo, actitud que con toda franqueza me dejó sorprendido, pues los que apoyaban con tanto ardimiento a Álamo eran los mismos que recibían en actitud estoica sus críticas implacables y que ahora se revelaban (algo que me pareció sorprendente) como sus más fieles defensores. En ese momento decidí poner mi grano de arena y acusé a Álamo de no tener idea de lo que era un rispetto; paladinamente los real visceralistas reconocieron que ellos tampoco sabían lo que era pero mi observación les pareció pertinente y así lo expresaron; uno de ellos me preguntó qué edad tenía, yo dije que diecisiete años e intenté explicar una vez más lo que era un rispetto; Álamo estaba rojo de rabia; los miembros del taller me acusaron de pedante (uno dijo que yo era un academicista); los real visceralistas me defendieron; ya lanzado, le pregunté a Álamo y al taller en general si por lo menos se acordaban de lo que era un nicárqueo o un tetrástico. Y nadie supo responderme.

La discusión no acabó, contra lo que yo esperaba, en una madriza general. Tengo que reconocer que me hubiera encantado. Y aunque uno de los miembros del taller le prometió a Ulises Lima que algún día le iba a romper la cara, al final no pasó nada, quiero decir nada violento, aunque yo reaccioné a la amenaza (que, repito, no iba dirigida contra mí) asegurándole al amenazador que me tenía a su entera disposición en cualquier rincón del campus, en el día y a la hora que quisiera.

El cierre de la velada fue sorprendente. Álamo desafió a Ulises Lima a que leyera uno de sus poemas. Éste no se hizo de rogar y sacó de un bolsillo de la chamarra unos papeles sucios y arrugados. Qué horror, pensé, este pendejo se ha metido él solo en la boca del lobo. Creo que cerré los ojos de pura vergüenza ajena. Hay momentos para recitar poesías y hay momentos para boxear. Para mí aquél era uno de estos últimos. Cerré los ojos, como ya dije, y oí carraspear a Lima. Oí el silencio (si eso es posible, aunque lo dudo) algo incómodo que se fue haciendo a su alrededor. Y finalmente oí su voz que leía el mejor poema que yo jamás había escuchado. Después Arturo Belano se levantó y dijo que andaban buscando poetas que quisieran participar en la revista que los real visceralistas pensaban sacar. A todos les hubiera gustado apuntarse, pero después de la discusión se sentían algo corridos y nadie abrió la boca. Cuando el taller terminó (más tarde de lo usual) me fui con ellos hasta la parada de camiones. Era demasiado tarde. Ya no pasaba ninguno, así que decidimos tomar juntos un pesero hasta Reforma y de allí nos fui mos caminando hasta un bar de la calle Bucareli en donde estuvimos hasta muy tarde hablando de poesía.

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Sinsal, June 12, 2013 (view all comments by Sinsal)
Bolaños, Roberto. "Los detectives salvajes" (Vintage Español 1996). The reader who picks this book in search of a Latin American who-dunnit will be highly disappointed. It looks like professional literati including literature professors consider Bolaños’ “one of the greatest and most influential modern writers” today, especially in Latin America, and they hold this book as their best example.

"Los detectives salvajes," translated into English, is a story about a set of young, so-called poets in Mexico City. The author follows their antics beginning in the mid-1970s all the way to the 1990s, a chronological focus that allows him to plot the progressive development of a handful of these self-regarded bards as they mature in life, one of them supposedly standing in for the author himself. They are said to be searching for an influential poetess like them who allegedly lived reclusively.

Forcing myself into appreciating this book I found it useful to keep in mind that hippiedom flourished in the 1970s but in Mexico, in addition to the emergence of hippy styled youngsters, of middle class origin mostly, there were other protestors locked in battle with the government over the 1968 slayings of another kind of dissenters by government troops and the bloody aftermath requiring many of them to run and hide. These "jovenes" fall out of Bolaños’ focus. His young protagonists, by contrast, seem to align themselves more with the sexual revolution of the time than with any notion of political freedom. This is why the story itself struck me as pointless and inane leaving me to question why the “novel” was so well regarded.

The only way I can understand the exalted preference by professional critics, beyond Bolaños’ excellent writing style which is not superior in my estimate to other Latin American authors, is to focus on his subject matter�"the young self-regarded poets themselves whose poetry, by the way, Bolaños decided was scarcely worth show casing.
Instead, he portrays their despondent lives as “[t]hey sever friendships, quit jobs, abandon apartments without giving notice, skip the return flight home, assume new identities, flee combustive love affairs, cut off ties to everyone they have ever known, head off into the desert, simply disappear.” They seem to regard themselves as the James Deans of Mexico’s poets, “rebels without a cause.” Bolaños himself, now deceased, is said to have felt or behaved this way too although it seems to me that he found his cause.

Judging from this book and from some written critiques, his claim to fame is to have protested the literary hegemony of the masters of Latin American letters: Octavio Paz, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Pablo Neruda, and Gabriel García Márquez (the creator of “magical realism”), among others. The idea is that Bolaños became tired of the dominance of these masters and wrote this book as what I would call an antithesis. He created his “guerrilla”poets, as one critic wrote; I would add: instead of real guerrillas. They served him as antiheros, those who flopped around scribbling bad poetry and failing as real rebels. This is what this dreary book is about.

And, it seems that other young Latin American writers, poets and otherwise, are also tired of the masters and so they’ve applauded Bolaños. He’s their new Octavio Paz.

I’m not clapping hard for Bolaños, but of course I’m an old guy. [May 2013]
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Product Details

ISBN:
9780307476111
Author:
Bolano, Roberto
Publisher:
Vintage Books USA
Author:
Roberto Bola
Author:
Bola
Author:
ntilde
Author:
o, Roberto
Author:
o
Author:
&
Subject:
Action & Adventure
Subject:
General Fiction
Subject:
Psychological fiction
Subject:
Poets
Subject:
Literary
Subject:
Adventure
Subject:
fiction;novel;mexico;chile;literature;latin america;poetry;poets;chilean;latin american;20th century;latin american literature;travel;spain;mexico city;contemporary;bolano;latin american fiction;mystery;chilean literature;crime;sex;road trip;writers;conte
Copyright:
Edition Description:
Trade paper
Series:
Vintage Espanol
Publication Date:
20100231
Binding:
TRADE PAPER
Grade Level:
General/trade
Language:
Spanish
Pages:
624
Dimensions:
7.99 x 5.17 x 1.09 in 1 lb

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Product details 624 pages Vintage Books USA - Spanish Literature 9780307476111 Reviews:
"Synopsis" by , It's an addictive account of a group of people, travelers, students, workers, and poets, existing in the confusing seventies in Mexico, Chile and Spain.
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